Valencia (II)


Caminamos por la calle. Ella tiene cara de cansada y yo de triste. Anoche no dormimos y ahora no tenemos dónde ir, pero ve a una mujer pidiendo limosna en la puerta de un supermercado y aun se para a darle dinero. Horas más tarde tenemos hambre. Es de noche, hace siete grados de temperatura, seguimos sin tener dónde dormir y se pregunta a sí misma por qué lo hizo. Si ni siquiera tenía dinero para ella.

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Un alemán quiere invitarnos a comer. Saca de su bolsillo unas monedas e insiste en que las cojamos. Charlamos un rato y no tarda en contarnos su vida; nos enseña los brazos picados, llenos de cicatrices, donde tiene tatuados los nombres de sus dos hijas. Cree que nos hemos fugado de casa, y, viéndonos jóvenes, siente pena por nosotros. Dice que él también está en la calle y sabe por lo que pasamos.

1 comentario:

benedetina dijo...

¿y sólo por ser lesbiana no quiso besarte? que rara es la gente.

Tú como siempre, apuntandote a un bombardeo ¿no?