Robando emociones

Salgo del probador. El peso de la bolsa, algo más llena que al entrar, parece forzar al corazón; sus latidos imitan el ritmo acelerado de unos ojos que miran de un lado a otro, buscando un poco de (in)seguridad. "¿Me habrá visto alguien?", me pregunto nerviosamente mientras me acerco a los detectores, la salida, y siento que estoy viviendo el momento más emocionante del día.